Como aficionado a los dinosaurios desde muy niño, incluso antes del boom de Jurassic Park, a mediados de los noventa, debo reconocer que nuestro país nunca se ha distinguido por su tradicional contribución a la Paleontología. Sin embargo, en años recientes, el secreto de los dinosaurios ibéricos ha empezado a ser desvelado al gran público: gracias a los esfuerzos de muchos paleontólogos, entre los que brillan algunos expertos españoles, el “catálogo” peninsular de estos grandes reptiles cuenta con una considerable representación para la práctica totalidad del universo de los dinosaurios. Nuestras novedades más importantes, con respecto al estudio mundial de los dinosaurios, tienen mucho que ver con la evolución de algunos de estos monstruos hacia otra especie muy distinta de animal: las gráciles y delicadas aves de hoy en día. También nos van a sorprender algunos nombres impuestos a estas criaturas, tan ibéricos y originales que harán sonreír a más de uno.
No eran todos iguales
Los dinosaurios ibéricos se clasifican en las siguientes grandes familias:
Terópodos (avianos y no avianos): aquí se encuentran los grandes depredadores saurios, de la cual es el Tiranosaurio Rex el gran representante, y de los cuales se han encontrado restos de especies como el Allosaurio y el Ceratosaurio… Pero que también cuenta, en nuestro país, con una curiosa especie que ha sido aquí descubierta: el “Cazador jorobado de Cuenca”, Concavenator corcovatus, un “Tiranosaurio” de tamaño medio que era el terror de las llanuras ibéricas del Cretácico.
Los Saurópodos, por su parte, herbívoros llamados comúnmente “de cuello largo”, están especialmente bien representados en la Península, con numerosos animales que han sido aquí descritos por primera vez. Destaca el mayor ser vivo que haya atronado jamás Europa con sus pisadas y que tiene un nombre muy valenciano: el Turiasaurio. Al igual que hacen las modernas jirafas, estos gigantes podían apisonar literalmente a cualquier enemigo de tamaño medio con sus patorras, además de flagelar incluso a los más grandes con sus largas y musculosas colas.
Los Tireóforos, del cual el más conocido es el Estegosaurus, son otro tipo de herbívoros menos voluminosos y que destacan por estar “acorazados”. Los herbívoros que convivían con depredadores tan peligrosos y grandes como los terópodos, Tiranosaurios o Ceratosaurios, no podían competir con tales devoradores sino desarrollando su tamaño o sus defensas corpóreas. Algunos Saurópodos, de la Familia anteriormente descrita, imitaban a estos Tireóforos con su protección a base de placas “blidadas” en su lomo, como era el caso del Lirainosaurus astibiae: un “cuello largo” acorazado.
Los Ornitópodos, entre los que destaca el conocidísimo Iguanodon, son como su nombre indica los más parecidos a los pájaros, que descienden de esta rama concreta de los dinosaurios. Para defenderse de tan enormes depredadores como les rodeaban, los iguanodones desarrollaron púas en sus pulgares que usarían a modo de puñales, como pasa con los rinocerontes de hoy en día.
También tenemos noticia de un descubrimiento burgalés muy curioso en el Orden de los Varánidos (grandes lagartos): un “Dragón de Komodo” prehistórico que podría ser el tatatatarabuelo de los modernos lagartos y víboras que pueblan la Península. Su nombre, asimismo, es cuando menos curioso: Arcanosaurius Ibéricus, “Reptil misterioso de Iberia”.
Concavenator corcovatus (“Cazador jorobado de Cuenca”): el mayor cazador netamente ibérico jamás encontrado
La clasificación de esta especie es muy reciente. Su hallazgo se dio en 2003, y no fue publicado hasta 2010. A simple vista nos puede recordar a un Tiranosaurio y de hecho es el carnívoro más grande, exclusivamente ibérico, hallado nunca en nuestra Península, pero su tamaño era la mitad que el de ese enorme cazador. Esta especie tan nuestra encierra alguna que otra gran sorpresa y nos ha legado, para empezar, el esqueleto articulado de dinosaurio más completo que se ha encontrado hasta la fecha en la Península Ibérica.
Vivió a principio del Cretácico y tenía una longitud de 6 metros, lo que le convierte en un dinosaurio de tamaño grande y sobre todo teniendo en cuenta que es un depredador. Al igual que otros dinosaurios, mostraba una cresta corta en el lomo, justo al final de la espalda, cuya función es motivo de especulaciones: ¿regulador térmico o reclamo para “ligar”? Es posible que nuestro mayor depredador netamente autóctono fuera del grupo más avanzado de entre los grandes lagartos: la posible presencia de plumas en sus antebrazos marcaría una verdadera revolución científica, demostrando que la Familia de los Terópodos también pudo anteceder a las aves en el uso de plumaje o elementos similares.
Pelecanimimus polyodon (“Imitador de pelícanos con muchos dientes”): un eslabón perdido entre los dinosaurios y las aves
Al igual que Concavenator, vivió a principios del Cretácico en lo que hoy es Cuenca, pero era un depredador mucho más grácil. ¿Recuerdas esa cruenta escena de Jurassic Park en que una manada de Gallimimus recorre una llanura a la carrera, como si fueran avestruces, y el Tiranosaurio aparece de pronto para abatir a uno de ellos? Pues nuestro amigo ibérico ostenta el curioso récord de ser el miembro conocido más antiguo de ese grupo, los Ornitomimosaurios, al que también pertenecían esos Gallimimus de la película.
Esta agrupación de dinosaurios son bípedos, dotados de pico sin dientes, omnívoros y similares a las actuales avestruces. Algunas de estas especies tenían plumas,incluso, pero una curiosidad del nuestro es que él sí tenía dientes. Nada menos que más de 200. Por lo tanto, Pelecanimimus constituye un eslabón perdido entre esta clase de dinosaurios y las aves actuales. Partes conservadas de su piel nos muestran una cresta detrás de su cabeza y una especie de papada exagerada, que recuerda a la de los pelícanos. De ahí viene su nombre. En realidad, su aspecto es un intermedio entre un avestruz y un pelícano.
Tres dinosaurios ibéricos con plumas y nombre ibérico: Eoalulavis hoyasi (“Ave con álula verdadera de Las Hoyas”), Iberomesornis romerali (“Ave media ibérica de Romeral”) y Concornis lacustris (“Pájaro lacustre de Cuenca”)
Este trío de lagartos-pajarracos son realmente eslabones perdidos entre velociraptors y aves, pequeños monstruos que fueron afinando su capacidad de adaptarse al medio con elementos cada vez más desarrollados, como el plumaje. El descubrimiento del Eoalulavis fue especialmente interesante, pues marca un punto de partida nuevo para la aparición del álula y las plumas remeras primarias y secundarias en el ala. La aparición del álula, que es el plumaje fijado al pulgar de la garra, señala que estas aves primitivas eran capaces de maniobrar de una manera muy similar a los modernos pájaros. Estos dinosaurios-aves habitaron un paisaje que se estima que fue acuoso y que explicaría, por tanto, el hallazgo de tantas especies y tan bien conservadas: Las Hoyas de Cuenca.
Lirainosaurus astibiae (“Lagarto esbelto dedicado a Astibia”): un gigante blindado
Estos dinosaurios, herbívoros, pese a su nombre, eran fortísimos, voluminosos y estaban acorazados. Se ha encontrado en el Condado de Treviño y en Chera, Valencia. La Península Ibérica admiró a estos colosos blindados en el Cretácico, que al igual que sus colosales parientes recorrían las selvas y llanuras de la época machacando a su paso el terreno.
Demandasaurus darwini (“Lagarto de la Sierra de la Demanda dedicado a Darwin”)
Este saurópodo era pariente directo del Diplodocus y vivió en el Cretácico Inferior. Sus huesos se han Encontrado en Salas de los Infantes, Burgos, siendo su estudio tan reciente como 2011. Al igual que en Atapuerca, el yacimiento de homínidos más antiguo de Europa Occidental, sus restos fueron hallados en el entorno de la Sierra de la Demanda y de ahí su nombre.
Turiasaurus riodevensis (“Lagarto del Turia hallado en Riodeva”): el animal más grande que haya nunca pisado Europa
Es casi imposible encontrar un nombre más ibérico para un bicho, que debe su nombre al río Turia y la localidad de Riodeva en que fue hallado… Pero es todavía más difícil encontrar animales más grandes que los antes descritos: sin embargo, el Turiasaurio es el mayor dinosaurio del que se tiene constancia hasta hoy en Europa y uno de los más grandes a nivel mundial. Y ofrece la peculiaridad de habernos legado osamentas muy completas, lo que permite estimar con cierta exactitud sus enormes dimensiones. Su época fue de tránsito entre el Jurásico y el Cretácico. Sus huesos fueron descubiertos en Riodeva, hallazgo publicado en la revista Science en 2006. Pertenecía a los Saurópodos más arcaicos, es decir: no emparentado con los más avanzados, evolutivamente, como el Brachiosaurus, el Diplodocus o el Camarasaurus. Restos hallados en Tanzania podrían corresponder a ejemplares de esta misma especie… ¡Pero nosotros le pusimos el nombre primero!
Losillasaurus giganteus (“Lagarto gigante de Losilla de Aras”)
Siguiendo con esa bonita costumbre de bautizar a los dinosaurios en sus localidades de origen tenemos a esta otra especie de Saurópodo basal, pariente del Turiasaurus, que machacó la Península con sus patorras a finales del Jurásico. Sus restos vieron la luz científica en los 90, en Losilla de Aras (Valencia), y la especie fue presentada al mundo en 2001.
Aragosaurus ischiaticus (“Lagarto de Aragón con isquion característico”): primer dinosaurio jamás descrito en España
Fue el primer dinosaurio hallado y descrito en nuestro país, lo que explica su nombre, y fue encontrado a raíz de unas obras en la calzada de una población de Teruel: Galve. ¡La fecha tan reciente de su “bautizo”, en comparación con el del primer dinosaurio jamás descrito formalmente, a principios del siglo XIX, nos da una idea de hasta qué punto hemos dejado de lado esta rama de la Ciencia en España y Portugal! Recordemos que el Megalosaurio, enorme depredador, fue estudiado de forma discontinua ya desde el siglo XVII, mientras que el estudio de los dinosaurios como grupo de especies diferenciado data de hace al menos 200 años. Su cuerpo era robusto y es de destacar el isquion, hueso que emerge de su cadera y que da nombre a su especie. Vivió entre el Jurásico Tardío y el Cretácico Inferior, una época de transición.
Tastavinsaurus sanzi (“Lagarto Catador de Vinos dedicado a Sanz”)
Su nombre es una mezcla de homenajes ibéricos: al vino tan típico de la Península, donde fue hallado y bautizado, y al paleontólogo español José Luis Sanz. Pisó la Tierra en el Cretácico inferior y fue dado a conocer en fecha tan reciente como 2008. Su largo cuello podría permitirle catar copas de vino muy alejadas de su voluminosa fisonomía, luego cuidado con la copa si oímos de cerca sus pisadas…
Dacentrurus armatus (“Cola afilada y armada”): un herbívoro espinoso dispuesto a vender cara la vida
Pariente directo del Estegosaurios, vivió en el periodo Jurásico en Europa. Fue el primer estegosaurio descubierto, hace más de 100 años. Podría haber medido unos 10 metros de largo y su espalda estaba bien protegida con placas y espinas. Restos suyos han sido recuperados en Teruel, Asturias, Valencia y Portugal. Hay un cierto debate, desde el descubrimiento en 2009 de otro tipo de Estegosaurio en Portugal, Miragaia longicollum, sobre si ambas conforman en realidad una única especie. Al igual que el resto de Estegosaurios, su cola fuerte y espinosa podía poner de rodillas a cualquier depredador bípedo que se arrimase.
Tres Iguanodones diferentes, dos de ellos con “marcas” ibéricas: Iguanodon bernissartensis (“Diente de Iguana de Bernissart”), Delapparentia turolensis (“Dedicado a DeLapparent y hallado en Teruel”) y Gideonmantellia amosanjuanae (“Dedicado a Gideon Mantell y a Amo-Sanjuán”)
Fuente: Turismo Castilla-La Mancha
El Iguanodon es uno de esos dinosaurios estudiado en fechas tempranas. Descubierto en 1822, fue descrito por primera vez en 1825 por Gideon Mantell, un naturalista inglés que hizo constar la semejanza de su dentadura con la de las iguanas: de ahí su nombre. Sus restos han aparecido de forma muy repetida, siendo uno de los más numerosos dinosaurios del Cretácico Inferior. Era un dinosaurio ornitópodo, bípedo o cuadrúpedo, que muestra unas púas muy características en sus pulgares. Los restos de esta especie hallados en Galve (Teruel) llevaron a los expertos a creer que se trataba de una especie de Ornitópodo distinta y de ahí su nombre específico para el Iguanodon peninsular: Delapparentia turolensis, bautizado así en 2011.
En 1987, el paleontólogo Sanz describió aún otra especie de Iguanodon que estaba relacionada con el Hypsilophodon foxii, más ligero que sus primos mayores. Estudios posteriores determinaron que se trataba en realidad de otra especie: Gideonmantellia amosanjuanae, que fue oficialmente descrita en 2012. Tanto Gideonmantellia como Delapparentia, los dos iguanodones ibéricos, pisaron la Península en el Cretácico inferior.
Arcanosaurus ibericus (Reptil misterioso ibérico)
Constituye una pieza diferenciada en el registro de grandes saurios ibéricos: este gran varano (lagarto grande) es un antiguo representante del Orden Squamata, formado por lagartos, iguanas, serpientes y camaleones. Muy parecido morfológicamente al Dragón de Komodo, esos enormes varanos que tanto nos recuerdan a nuestros extintos amigos. Sus restos fueron hallados, como tantos otros dinosaurios ibéricos, Salas de los Infantes. Que sea ibérico, por tanto, nadie lo duda, pero el misterio al que alude su nombre proviene de lo incompleto de su legado fósil: las 30 vértebras que se conservan de él son únicas, con características inéditas en otros taxones de varanos. Por eso no se puede asegurar al 100% que sea un varano, pero si lo fuera sería sin duda el antepasado más primitivo hasta la fecha de los miembros de ese clado. El estudio de sus esacasos restos y de su entorno revela que era un animal de hábitat húmedo y capaz de bucear, pero habrá que esperar a que estas excavaciones españolas sigan avanzando para ir desvelando los misterios del “reptil misterioso de Iberia”.