Un trozo de Historia encallado en una playa paradisíaca. Fuerteventura, Islas Canarias
Cuando los barcos eran de vela, sus restos de madera desaparecían en poco tiempo después de irse a pique. En cambio, hoy en día, los cadáveres metálicos de los buques permanecen en nuestras costas como testigos silenciosos de los naufragios. Recuerdo la impresión que me causó, siendo un niño, la visión del esqueleto oxidado del petrolero Mar Egeo. Un gigante del mar que se estrelló literalmente a los pies de la Torre de Hércules, en La Coruña (Galicia).
En esta ocasión, por fortuna, no hubo que lamentar un gran desastre ecológico. Tampoco hubo pérdidas humanas. En enero de 1994, el transatlántico SS América (rebautizado como American Star) encalló en la costa sur de Fuerteventura. Había servido en la II Guerra Mundial y fue después utilizado como transatlántico de lujo. Una tormenta puso fin a sus largas y variadas aventuras frente a las costas de Fuerteventura. La tripulación fue rescatada, pero el buque terminó sus días como el Titanic, el Mar Egeo y el Prestige: partido por la mitad a merced de las olas.
Por más de una década, la proa del American Star se dejó ver frente a la playa de Garcey, en el municipio de Pájara. No fue hasta 2007 que el oleaje y la corrosión terminaron de hundir lo que quedaba del barco. Como recuerdo de su última parada, en Puerto del Rosario (capital de Fuerteventura) podemos visitar un bar donde guardan algunos restos de este barco. El local se llama «El Naufragio».
Canfranc, una estación de corta pero intensa vida. Huesca, Aragón.
Su ubicación en los Pirineos, punto de unión ferroviario entre España y Francia, hizo de Canfranc un punto estratégico para viajeros y mercancías. Fue inaugurada en 1928 por el Rey Alfonso XIII, el Presidente francés Doumergue y el General Primo de Rivera, por entonces Dictador.
La estación cobró especial protagonismo durante la Segunda Guerra Mundial, siendo los Pirineos el límite entre la Francia ocupada y la España neutral. Espías de los Aliados y del Eje, proscritos del régimen nazi y toneladas de productos para la guerra pasaron por aquí. Sin embargo, como tantas otras estaciones españolas, Canfranc fue abandonada y lo único que ofrece a los viajeros que la visitan es el recuerdo de lo que fue. ¡Más que suficiente para los curiosos y nostálgicos!
Ha sido declarada Bien de Interés Cultural, sirviendo de escenario para muchas películas de época. Existen proyectos para reconvertirla en un gran hotel de lujo.
La Modelo de Barcelona: un trozo Historia viva, aderezada de personajes legendarios.
La Cárcel Modelo de Barcelona se encuentra perfectamente conservada y es hoy un museo muy especial, que nos habla de los más tremendos episodios de nuestra reciente Historia.
Los muros de la Modelo han escuchado el ritmo histórico de Barcelona y de toda Cataluña en los últimos cien años. Interesante la explicación, nada politizada, de los distintos presos y épocas que ha vivido el país en el revuelto siglo XX. Personajes como el Vaquilla, que hicieron famoso el mundo delincuencial. Su hermano protagonizó otra memorable huida a través de las cloacas de la cárcel en los ochenta, saliendo por todas partes los criminales y poniendo en serios apuros a la Policía. El activista anarquista Salvador Puig Antic fue ejecutado aquí, por el brutal método del garrote vil con el cual se ha ajusticiado a tantos condenados a muerte. También el líder nacionalista Companys habitó estos muros legendarios junto a otros protagonistas, de ambos bandos, de nuestra Guerra Civil.
La Real Fábrica de Armas de Orbaizeta.
Aezkoa fue escogida por la Corona Española como sede de La Real Fábrica de Armas y Municiones de Orbaizeta. Al igual que otros lugares estratégicos de España, este bello enclave se convirtió en un centro de producción de armamento para el Estado. Otros ejemplos son La Cavada o El Astillero (Cantabria), donde se sigue la actividad naval, o Trubia (Oviedo).
Esta fábrica fue crucial sobre todo durante el siglo XIX, una de las épocas más turbulentas de la Historia de España y sobre todo del Norte, escenario de fuertes batallas que se alargaron hasta la Guerra Civil del 36. Las cinco guerras que sufrimos entre los años 1793 y 1875, dos contra Francia y tres civiles (las Carlistas), convirtieron a esta Fábrica de Orbaizeta en un objeto de deseo militar. Importantes Generales pasaron por aquí en busca de las siempre necesarias armas: Morillo y Reille, los liberales Espoz y Mina y el carlista Zumalacárregui, que murió de un tiro en la cabeza en el asedio de Bilbao. Sus respectivas leyendas, las de los hombres que les siguieron y que trabajaron aquí, están aún presentes entre los muros y bosques silenciosos de la Fábrica de Orbaizeta. Las ruinas de una de las más importantes fábricas de armas de Europa.
En 2007 ha sido declarada Bien de Interés Cultural como ejemplo idóneo de arquitectura industrial peninsular en el siglo XVIII y XIX.
El Fuerte de San Cristóbal y la fuga más masiva de la Historia.
No abandonamos Navarra ni la guerra, por desgracia siempre presente en la Historia, para volver a hablar de una fortaleza abandonada que fue utilizada en tiempos recientes como presidio. Ubicado en Navarra, fue una de las cárceles más pobladas durante la Guerra Civil Española. Muchos de sus presos nunca abandonaron sus muros: condenas a muerte, desnutrición y enfermedades diezmaron a lso internos. Se dice que el monte entero está sembrado con los cadáveres de los desdichados presos.
El locutorio de la cárcel era escenario de escasas visitas: la cárcel estaba muy mal comunicada y los los familiares de los presos temían ser acusados de los mismos delitos y quedarse allí. El 22 de mayo de 1938 fue escenario de la fuga más multitudinaria de la Historia, que fue también sangrienta. De los 795 presos que huyeron, 221 cayeron por el camino y sólo tres lograron ponerse a salvo en Francia. Los cabecillas de la revuelta fueron ejecutados. Sí en una guerra se pasa mal, mucho peor la viven sus presos.
Los fugados no se rebelaron por idealismo sino por las miserias que tenían que soportar. Lo más sorprendente de este fortín inexpugnable es que fue diseñado para que nadie pudiera entrar, pero acabó sus días útiles como un saco enorme del que nadie podía salir… Hasta que estos hombres desesperados lo intentaron y consiguieron, eso sí, a un altísimo precio. La cárcel-fortaleza es ideal para los adictos al misterio y los sitios con leyenda…
Sancti Petri, una isla mágica frente a Cádiz.
En sus buenos tiempos, Sancti Petri fue un pueblo de pescadores de Chiclana (Cádiz). Para proteger a Cádiz fue fortificado, pero la isla comenzó su declive con la emigración rural de los años setenta.
En la actualidad, un proceso lento de rehabilitación de sus ruinas está en marcha, con visitas guiadas al castillo y recreaciones históricas y conciertos. Imagínate qué excursión más bonita: llegar aquí en canoa o barco, que podemos alquilar en el puerto cercano. ¿Quieres oír una leyenda? Se cuenta que el viejo templo dedicado a Hércules, patrono clásico de la ciudad, se encuentra enterrado en esta pequeña isla…
Un pueblo congelado en la Guerra Civil: Belchite (Zaragoza).
Las ruinas de Belchite han quedado para la Historia como un recuerdo de piedra y tierra, símbolo de lo que fue nuestro peor momento del siglo XX. 5.000 personas murieron aquí en pocos días, en agosto de 1937, durante la Guerra Civil. El Ejército Popular atacó por aquí para intentar conquistar Zaragoza, con más de cien tanques y 80.000 hombres, pero la ofensiva se estrelló en los reductos defensivos de Belchite.
Los asaltos continuos de los atacantes convirtieron la localidad en un cementerio de valientes soldados de ambos bandos y de civiles, siempre atrapados en las batallas. Los vecinos del pueblo fueron obligados a ejercer de enterradores hasta que la rendición de las tropas de Franco permitió a los atacantes tomar el pueblo, pero la ofensiva nunca llegó a Zaragoza.
El resultado de los combates es el que rezan los viejos versos:
Pueblo viejo de Belchite, ya no te rondan zagales.
Ya no se escuchan las jotas que bailaban nuestros padres.
¿Por qué? Tras la Guerra, Franco decidió que el pueblo viejo de Belchite no se reconstruyera y se alojara a los vecinos en el Belchite Nuevo. El pueblo ha quedado así como recordatorio del horror de la guerra.
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